Alta, muda y con las patas largas

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La jirafa es muda. No habla, no contesta, no dice ni mu (porque en ese caso sería una vaca, claro). 

Nosotros lo sabemos, pero los animales de la selva no, y del más grande al más chiquito se burlan de ella. Por muda y por estirada. Aunque estirada sí que es, sobre todo, la parte del cuello. La jirafa es diferente y les da risa. 

Hasta que un día pasa algo terrible, peligroso, catastrófico. Y la jirafa, que no habla, se tiene que hacer entender; y los animales, que se ríen, se tienen que dejar de reír para entenderle. 
¿Se podrá hablar sin hablar?

 

María Inés Falconi

 Ana Sanfelippo

Editorial Quipu

 

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